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Desde una ventana

Por Julia María Carvajal

Abril 2012

Más información sobre la exposición en la web del museo >

En el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid conjuntamente, hasta el 20 de Mayo, de este año 2012, se presenta la exposición del artista Marc Chagall. La muestra, compuesta por 165 piezas provenientes de Centros de Arte, colecciones particulares y familiares del pintor, es la primera gran retrospectiva que se le dedica a este artista, cuya obra ocupa un lugar destacado en la historia del Arte. Esta exposición se desarrolla en los dos espacios de la capital de España, en el Museo se cuelgan los lienzos de sus primeros años, de la época del Paris de las vanguardias, de la Rusia revolucionaria, y de Francia hasta su exilio a Estados Unidos en 1941. La Fundación, alberga las obras del periodo americano, y  su evolución posterior, así como su relación con los poetas, en especial con Apollinaire, también se exhiben los trabajos realizados con otros materiales como cerámicas, esculturas y vidrieras.

Marc Chagall (Moishe Shagal), nació en Vitebsk en 1887, en el seno de una humilde familia judía, en aquellos años su ciudad pertenecía a la Rusia del Zar, más tarde formaría parte de la Unión Sovietica, y actualmente es Bielorrusia. Su infancia transcurrió entre grandes penurias y privaciones, sus padres apenas podían cubrir las necesidades básicas de sus ocho hijos, y por si esto fuera poco, Moishe era tartamudo. Esa terrible etapa de su existencia, la resume él mismo en su libro “Ma vie” (Mi vida) con la lapidaria frase “yo nací muerto”.

El amor de su madre, y la admiración por Rembrandt, le salvaron del abismo. Con el apoyo materno, en 1907 consigue ingresar en la Escuela de Patrocinadores de Arte de San Petesburgo. Posteriormente viaja a Paris, y se instala en Montparnasse, que era en aquellos años el lugar donde vivían y trabajaban artistas de distintos países, lo que dio origen a las vanguardias artísticas.

Aunque su producción puede enmarcarse en el impresionismo, el cubismo, el fauvismo, incluso el dadaísmo, y no se una en su momento al surrealismo, a pesar de que Breton le elogia y le anima, su pintura es fundamentalmente surrealista, por las interpretaciones oníricas de la realidad que traslada a sus lienzos, y expresionista por el uso de los colores primarios, verde, rojo, y azul.

En 1914 regresa a Vitebsk para casarse, donde se ve obligado a permanecer por el comienzo de la primera guerra mundial. En 1917 estalla la revolución rusa, en la cual participa, este hecho le valió el nombramiento de comisario de Arte. Funda una escuela en Vitebsk, pero su desacuerdo con el sistema soviético y la situación creada por Malevich, que era profesor de la escuela, y aprovechó una ausencia de Chagall para hacerse con la dirección del centro artístico, hace que en 1920 se traslade a Moscú y en 1923 a París. En la capital francesa reside hasta que la segunda guerra mundial, le obliga, como a otros judíos, a huir. Con la ayuda del periodista americano Varian Fry, se desplaza a Marsella, y desde allí,  a través de Francia, llega a Portugal, para finalizar su aventura en 1941 en Estados Unidos.

Años más tarde vuelve a Paris, ciudad que le inspiró y en la que vivió sus momentos más creativos, donde produjo sus mejores obras, e incluso le dio el nombre con el que pasaría a la historia, Marc Chagall, sin embargo siempre se sintió extranjero en París, impresionado por la luz de la ciudad, se convirtió en poeta del color, sus obras llenas de misterio, nos muestran extraños personajes, figuras singulares, e inusuales composiciones, nada es lo que creemos que es al mirar sus lienzos, quizá porque como él mismo afirma “El Arte es un estado del alma”.  En la capital francesa comparte horizontes pictóricos y amistad con Modigliani, no así con Picasso, con quién nunca se llevo bien, y del que llegó a decir: “Picasso es un genio, ¡qué pena que no pinte!.

Chagall no solo se siente extranjero en París, también pecador, ya que para un judío es pecado representar la figura humana. Es un espíritu atormentado que sueña la vida, y lo plasma en la tela.

Marc Chagall muere en 1985 en Saint Paul de Vence, Francia, su segunda mujer decide enterrarlo allí. En 1997 su ciudad natal Vitebsk crea un Museo con su nombre, pero dado que por su postura crítica con la etapa soviética, se le sigue considerando “persona non grata”, solo se permite que en sus salas haya copias de sus obras, nunca originales. Su país le niega todo reconocimiento, por el contrario esa patria que tienen los judíos, y que está siempre por encima de aquella en la que hayan nacido, le rinde un homenaje concediéndole en 1981, el Premio Fundación Wolf Artes de Jerusalem.

Sus obras cargadas de simbolismo, de referencias a su infancia, su paisaje, su folklore, a pesar de su experiencia vital, transmiten optimismo, alegría, ternura, con sus brillantes colores, su aparente anarquía de imágenes, mezcladas sin lógica espacial o narrativa que justifique las superposiciones, la desproporción de tamaños, sin embargo elaboradas con una cuidada composición radial, con líneas que articulan las distintas imágenes entre sí y crean conexiones entre las figuras que aparecen en primer término y las del fondo del cuadro.

“El violinista verde” y “El violinista celeste”, están inspirados en su padre que tocaba el violín, visto a través de los ojos de un niño. “Soledad” retrata el paso del tiempo y el miedo que el hombre siente al aislamiento. “La crucifixión blanca” es una denuncia de la política de Stalin, el holocausto nazi, y la opresión de los judíos.  “La aldea y yo” mezcla sus recuerdos con el folklore ruso. “El cumpleaños” es una traducción al lenguaje visual de una experiencia psíquica y feliz, una pareja de amantes flota en el aire, está pintado nada más casarse con su musa. “A Rusia los asnos y los demás”, transmite el mensaje secreto de las cosas, con una cabeza separada del tronco, una vaca roja sobre un tejado y la ingravidez de una mujer. “Bella en el puente” manifiesta la influencia de las tradiciones rusas, a la vez que retrata a Bella su musa y esposa. “Desnudo rojo levantado” y “La habitación amarilla” reflejan su particular concepto de asociaciones imaginarias.

En sus obras encontramos modelos de estilos pictóricos, como el cubismo en “El poeta” o el fauvismo en “El padre”, expresión de sentimientos, lo sagrado y la poesía, empleando distintas técnicas, como gouache, desnudos imposibles, y fundiendo sueño y realidad como en “Vendedor de periódicos” o en “Sobrevolando Vitebsk” en el que la profusión de materiales es mayor, lápiz, tinta, gouache, acuarela.

Hay dos salas en la exposición que ponen de manifiesto la importancia que para el artista tenía la Religión de sus antepasados, una de ellas es “La Biblia y Palestina”, la otra “Lo sobrenatural” ambas explican el origen de su universo fantástico y despiertan la imaginación. En ellas se reúnen los grabados “Almas muertas”. Los dos Autorretratos de la exposición son reveladores, en el primero “Autorretrato”, el artista está de frente y su cuidado aspecto, bien vestido y peinado, denota un deseo de aprobación pública, el segundo “Yo Marc Chagall” es más psicológico que físico, luce dos estrellas de David y supone una afirmación de sí mismo, a la vez que un acto de valentía en el que conjura sus fantasmas y sus temores.

Capítulo aparte merece una de sus obras maestras “París desde la ventana” en ella expresa lo que los ojos ven inconscientemente, es una visión subjetiva del pintor, su contemplación nos invita a abrir la ventana y cerrar los ojos, para ver el mundo a través de nuestros sentimientos y fantasías. Todos los cuadros de Marc Chagall son ventanas que abre para observar la vida y dejar volar su imaginación, él ve las cosas a través de un cristal de colores y así lo expresa en su lenguaje pictórico, despojado de cualquier vínculo material, hasta el punto de que pinta desnudo, utilizando a menudo sus pijamas como lienzos, también lo hace con las sábanas. Siempre me impresionó ese gato de rostro casi humano, que está sentado en esa ventana de París, porque mira a la ciudad, al espectador, a su creador, y si miramos fijamente sus ojos, descubriremos nuestro oculto deseo de soñar y de volar, como muchos de los personajes de Chagall.

Valentín Pérez Venzalá (Editor). NIF: 51927088B. Avda. Pablo Neruda, 130 - info[arrobita]minobitia.com - Tél. 620 76 52 60