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Luz de verano en Madrid: Rafael

Por Julia María Carvajal

Julio 2012

Más información sobre la exposición en la web del museo >

La luz de verano en Madrid tiene un color especial, este año dos mil doce, en sus Museos se puede ver otra luz, que entra por los ojos y alimenta el espíritu, contemplando grandes exposiciones de maestros de la Pintura, artistas que forman parte de la historia del Arte y por tanto del patrimonio cultural y artístico de la humanidad.

En el Museo de El Prado de Madrid, se pueden contemplar las últimas obras de uno de los mayores genios de la Pintura, Rafael, que junto con Miguel Angel y Leonardo Da Vinci, se consideran el divino trío en las Artes Plásticas de todos los tiempos.

La muestra compuesta por cuarenta y cuatro lienzos, veintiocho dibujos, una pieza arqueológica y un tapiz, da a conocer las obras que Rafael realizó los últimos años de su vida, algunas de las cuales nunca se habían podido ver en España.

En los siete años anteriores a su fallecimiento, de los treinta a los treinta y siete años, Rafael creo sus mejores obras, estos años mágicos por el simbolismo del número de la creación, siete, y por la brillante producción del artista, nos han dejado obras bellísimas, únicas e irrepetibles, que ahora podemos admirar en las salas de El Prado, como “La favorita”, a quien el rey Felipe IV llamaba “la perla” por ser su cuadro más apreciado, “El retrato de Baldassare Castiglione”, procedente del Museo del Louvre, retrato de un amigo de Rafael, noble, diplomático, y escritor, autor de “El cortesano”, donde describe el ideal de vida en la época del Renacimiento, “Santa Cecilia”, lienzo encargado por una dama de la nobleza, para el altar de la capilla familiar en la iglesia de San Giovanni en Bolonia, que llega ahora del Museo Nacional de esta ciudad italiana, “El pasmo de Sicilia”, impresionante expresión plástica del sufrimiento humano, obra que ya se encontraba en el Museo de El Prado, pero que se expone al público por primera vez después de su restauración, “La transfiguración”, el último lienzo que pintó Rafael y que no pudo acabar, siendo sus alumnos quienes terminaron la obra, “Mujer en el espejo”, inspiración de las pinturas posteriores de los artistas que recrearon este motivo, como Velazquez por ejemplo, “Retrato de Giuliano de Medicis”, reflejo de la majestuosidad de un miembro de una de las familias mas poderosas e influyentes de aquel tiempo en Italia. Además de los cuadros y los dibujos, en una de las salas del Museo se exhibe el tapiz “Dios padre con el tetramorfos”, en el que aparecen cuatro figuras atribuidas a los cuatro evangelistas según la tradición cristiana, en la obra las cuatro imágenes están rodeadas de otros tantos animales, simio, águila, toro, y león, representando la visión del profeta Ezequiel, en la que, como narra el Antiguo Testamento, vio rostros humanos con espaldas de animales.

Rafael, el artista que alcanzó la gloria y pasó a la historia, con ese nombre, se llamaba Rafaello Sanzio, y nació en Urbino en 1483, fue un niño prodigio hijo de un pintor mediocre, se quedó huérfano con once años y se formó en talleres de prestigiosos artistas como Perugino, además de pintor fue arquitecto, anticuario, grabador, diseñador, y estuvo a punto de ser cardenal. En su pintura se distinguen tres etapas, la de Umbría, la de Florencia, y la de Roma, la mejor de todas y la que se recoge en esta exposición. Con veinticinco años llegó a Roma y triunfó, a pesar de que en aquel momento en la ciudad eterna, el pintor más admirado era Miguel Angel, el primer encargo que recibe es para decorar las estancias vaticanas, en las que pinta al fresco “La escuela de Atenas”, una obra magnifica, catalogada como la más importante de todas las que llevó a cabo. Los Papas Julio I y León X fueron sus mecenas y su escuela llegó a ser el mayor taller de pintura bajo la dirección de un solo maestro pintor. Rafael fue también un buen negociante y un gran amante, una de sus amadas “La Fornarina”, llamada así por el oficio de su padre, fornero (panadero) fue inmortalizada en sus lienzos, se cree que su excesiva dedicación amatoria, deterioró su salud y precipitó su muerte con tan solo treinta y siete años.

Rafael es el máximo exponente del Arte clásico y académico, y encarnó como ningún otro artista los ideales del Renacimiento, basados en el humanismo, el desarrollo intelectual, y el estudio de la cultura clásica como reacción al “periodo oscuro” que supuso la Edad Media, y como paso decisivo hacia la Edad Moderna. Asimismo en este periodo del renacer del Arte, se desarrolló el mecenazgo, que se convirtió en el soporte más importante para la producción artística.

La vida de Rafael finalizó en Roma, en 1520, la leyenda dice que un viernes Santo, el mismo día en el que había nacido treinta y siete años antes, su obra es inmortal, su legado al mundo producto de su genialidad es impagable, casi cinco siglos más tarde, seguimos reconociendo su obra como una de las más valiosas herencias artísticas para las generaciones presentes y futuras.

Valentín Pérez Venzalá (Editor). NIF: 51927088B. Avda. Pablo Neruda, 130 - info[arrobita]minobitia.com - Tél. 620 76 52 60