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Luz de verano en Madrid: Hopper

Por Julia María Carvajal

Julio 2012

Más información sobre la exposición en la web del museo >

En el Museo Thyssen de Madrid, coincidiendo con la exposición de Rafael en El Prado, se presenta una muestra retrospectiva de Edward Hopper, compuesta por setenta y tres obras, en la que están algunas de sus mejores obras, en ellas hay una única modelo, su musa, su representante, su alter ego, su mujer Josephine Nivinson, a quién conoció como compañera de clase, ya que ella también era pintora, vocación que abandonó para dedicarse en cuerpo y alma al artista americano.

Edward Hopper, Nyack 1882 – Nueva York 1967, soñaba de niño con ser ingeniero naval para diseñar los barcos que veía desde su casa en Nyack, una pequeña localidad a orillas del río Hudson, pero tenía una gran habilidad para dibujar, esta capacidad le llevó a trabajar en la publicidad, y a descubrir la pintura como medio para expresar algo que sentía en su interior y no conseguía canalizar de otra manera.

De 1900 a 1924 se formó en la New York School of Art, en 1906 viaja a París, donde se relaciona con los pintores impresionistas, a continuación se desplaza a Londres y a Amsterdam siguiendo la estela de su admirado Rembrandt, no se deja influir por las vanguardias y sigue pintando con un realismo muy personal. Al regresar a su país se ve obligado a trabajar como ilustrador de revistas, tarea que nunca le agradó y que solo realizó por cuestiones puramente económicas, a la vez que ilustraba publicaciones, desarrollaba las técnicas del grabado y la acuarela, ejemplos interesantes son el grabado “El cat boat” y la acuarela “Casas de Gloucester”, estos trabajos surgen de visiones rápidas y espontáneas de su entorno, nada que ver con sus óleos posteriores producto de un minucioso estudio e intensa elaboración. En 1913 vende su primer cuadro “Velero” y diez años más tarde el segundo al Brooklyn Museum, el reconocimiento le llegó con la exposición que realizó en la Rhen Gallery de Nueva York celebrada en 1924 y la decisiva apuesta de Stephen Carlton Clark, conocido filantropo norteamericano que donó en 1930 la obra de Hopper “Casa junto a la vía del tren”, lienzo que Alfred Hitchcock utilizo en su película “Psicosis” como imagen de la mansión que habita la madre de Norman Bates, y que dio inició a la colección del Moma de Nueva York, uno de los Museos de Arte Moderno más importante del mundo. Tres años después, este mismo Museo le dedico una exposición con setenta obras que reunió de distintos lugares del mundo, lo que pone de manifiesto el gran éxito comercial de la obra de Hopper, incluso durante la Gran Depresión de 1929, la venta de sus cuadros no se vio afectada.

Edward Hopper busca el contraste entre luces y sombras, sus vistas arquitectónicas, como "Árbol seco y casa Lombard", "La casa de Marty Welch", le conducen a los retratos de interiores, "Habitación de hotel", "Mañana en la ciudad", donde refleja la incomunicación y la soledad de las personas, no está claro si lo que pretende es denunciar el estilo de vida americano o transmitir un cierto pesimismo respecto a la condición humana. Tal vez la explicación se encuentre en una de las frases del artista, "solo trato de pintarme a mi mismo", ya que la personalidad de Hopper era introvertida, de conversaciones resueltas con palabras monosilábicas, y largas pausas, tratando de decir lo mínimo, al igual que en su pintura. Además de los personajes solitarios, Edward Hopper pinta gasolineras, cines, cafeterías, lugares de paso que denuncian la superficialidad de la existencia del hombre moderno. En su obra la luz es el elemento fundamental, más que el color, la luz, natural o artificial es el sello de identidad de los óleos del artista, así como el motivo principal de sus obras, una de sus últimas pinturas realizada en 1963, "Sol en una habitación desnuda", expresa fielmente su pasión por anteponer la luz a cualquier otro principio estético, hecho que también recrea en otras obras como "Sol matinal", en la que una mujer contempla la luz del sol que entra por una ventana abierta, una de las muchas ventanas que Hopper pinta en función de la iluminación que quiere conferir al cuadro.

Edward Hopper antes de morir, pintó un último cuadro como despedida, “Dos comediantes”, en él se ve a una pareja de payasos, hombre y mujer, vestidos de blanco, saludando en un escenario oscuro, son en realidad él y su mujer Josephine, él falleció unos días después de terminado este lienzo, tenía ochenta y cuatro años, ella, quizá para no abandonarle a su soledad final, le siguió unos meses más tarde.

Valentín Pérez Venzalá (Editor). NIF: 51927088B. Avda. Pablo Neruda, 130 - info[arrobita]minobitia.com - Tél. 620 76 52 60