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La hermosa fealdad: María Blanchard en el Reina Sofía

Por Julia María Carvajal

Octubre 2012

Más información sobre la exposición en la web del museo >

Este año 2012, ochenta años después de su fallecimiento, se rinde homenaje a la pintora María Blanchard. El museo Reina Sofía de Madrid, recoge el testigo, este mes de Octubre, de la exposición que se ha podido contemplar hasta el pasado mes de Septiembre, en la Fundación Botín de Santander.

La muestra del museo madrileño está estructurada en las tres etapas del desarrollo creativo de la artista, la primera figurativa que va de 1907 a 1913, la cubista de 1913 a 1919, y por último su vuelta a la figuración de 1919 a 1932, que es su periodo más intimista.

María Gutiérrez-Cueto Blanchard nace en Santander en 1881, su padre era periodista, director del diario “Atlántico”, su madre una culta francesa de la que tomó su apellido, que le inculcó el amor por el Arte, su abuelo paterno había sido el fundador de “La abeja montañesa”, revista considerada un referente para el mundo intelectual en su época. En este ambiente familiar, María desde la infancia sintió la vocación artística. Desgraciadamente su madre tuvo un accidente, poco antes de nacer María, al caer de un coche de caballos, lo que provocó una deformidad en la columna de la futura niña, que la condenaría para siempre a vivir con un aspecto físico que se convirtió muchas veces en motivo de burlas y humillaciones. El sufrimiento que soportó a lo largo de su vida queda reflejado en sus propias palabras: “cambiaría toda mi obra, por un poco de belleza”. Dominaba el dibujo desde muy corta edad y su exquisita sensibilidad la dotaba para las artes plásticas. En 1903 se traslada a Madrid para estudiar Arte, tiene como profesor a Emilio Sala, en su casa da cobijo a cualquiera que lo necesite, sea español o extranjero. Al año siguiente de su llegada, fallece su padre, hecho que propicia que el resto de su familia se acabe instalarse también en la capital de España. En 1906 expone por primera vez en la Sala de Bellas Artes, dos años más tarde obtiene la tercera medalla de Pintura con su obra “Los primeros pasos”. Entra en el taller de Manuel Benedito. La diputación y el Ayuntamiento de Santander le conceden una beca que utiliza para continuar su formación en París. En 1909, París es una liberación para María, recibe clases de Anglada Camarasa, la energía del color y la libertad en la expresión, la alejan de la pintura académica. Viaja a Londres y Bélgica, donde conoce al pintor mexicano Diego Rivera, al regresar a París comparte piso con él y su compañera la pintora rusa Angelina Belof. En 1910 descubre el cubismo, y con su obra “Ninfas encadenando a Siero” obtiene la segunda medalla en la exposición nacional de Bellas Artes. Abandona París, una vez agotada la beca, y llega a Granada donde conoce al poeta Federico García Lorca. Consigue otra beca de las instituciones cántabras, gracias a Menéndez Pelayo y en 1912 vuelve a París, vive en Montparnasse y allí se relaciona con otros artistas, como el pintor Juan Gris y el escultor Jacques Lipchitz. En 1915, otra vez en España, participa con Rivera entre otros artistas, en la exposición “Arte moderno”, organizada por el escritor y amigo Ramón Gómez de la Serna, tanto por parte del público como de la crítica el rechazo es absoluto. Acepta un puesto de profesora de Dibujo en Salamanca, sin embargo las bromas crueles con las que se divierten sus alumnos, por su deformidad, la obligan a renunciar a la docencia y regresar definitivamente a París, el único lugar donde se siente libre, tiene amigos que la aprecian y valoran su obra. Jamás volverá a España. En 1916 en el Salón D´Antin, Picasso cuelga su famoso cuadro “Las señoritas de Avignon”, junto a lienzos de Matisse, Modiglianni, y Blanchard. En la capital francesa ocupa estudios de artistas abandonados por el estallido de la primera guerra mundial de 1918, en destartaladas habitaciones, pinta pucheros, máquinas de café, botes, mezcla en sus lienzos la anatomía de las cosas con la anatomía de las personas. Las galerías francesas se interesan por su obra, expone con Metzinger y Lipchitz. La guerra hace que su pintura vuelva al clasicismo, En esos momentos, en Francia surge un movimiento pictórico, “Vauxcelles” (evadidos del cubismo), en el que María Blanchard participa activamente, expone con ellos en el Salón de Paris las obras “Nature norte” y “L´enfant au berceau”. Expone en Bruselas en la muestra “Cubismo y Neocubismo”, organizada por la revista Selección. El prestigioso marchante Rosenberg la representa e incluso compra algunos de sus cuadros, aunque en 1920 rompe su relación con la artista por el cambio que experimenta su obra evolucionando hacia la figuración. Sin embargo el grupo de marchantes “Ceux de demain”, formado por Delgouffre, Flausch, y Grimar, se encargaran de mover su obra, a partir de la renuncia de Rosenberg. En 1921 triunfa con “Figure o interieur”, conocido como “La primera comunión”. Conoce a Gerardo Diego, escritor cántabro que admira su pintura. En 1922 expone en el Salón de París, “La femme au choudron” y “La femme au panier”, y obtiene un gran éxito. Al año siguiente, en 1923 realiza una muestra en Bruselas de veintiuna de sus obras, el reconocimiento es unánime. Hace su última exposición en el Salón de Paris, en la que cuelga cuatro cuadros representativos de su labor creativa, “Portrait”, “Femme assise”, “Le buveur”, y “Portrait”. Muere Juan Gris, y este acontecimiento afecta tanto a la artista que la sume en una profunda depresión durante la que busca consuelo en la Religión, llegando a plantearse ingresar en un convento, a pesar de todo sigue pintando. Su primo Gerardo Cueto, escultor, llega a París, María encuentra una fuente de inspiración en sus sobrinas, Ana y Mireya, a quienes pinta en varias ocasiones. En Bruselas se presenta un estudio crítico de Waldemar Georges, sobre la obra de María Blanchard. La pintora enferma, recibe a su hermana que llega a Paris con su marido y sus tres hijos pequeños, también otras dos hermanas de María comienzan a pasar largas temporadas en la capital francesa, la artista tiene que realizar un esfuerzo físico y económico para ayudar a su familia, hasta el punto de que no le queda más remedio que empeñar objetos de valor, de sus antepasados, para salir adelante. Su salud está ya muy deteriorada cuando viaja a Bruselas y Londres, expone en París y pinta “S.Tarsicio”, tela de un intenso sentimiento religioso, a la que Paul Claudel dedica un poema. En Brasil exponen obras de María Blanchard en una muestra de Arte Francés. En el Ateneo de Santander, su ciudad natal, exhiben sus trabajos bajo el título, “Pintores Montañeses”. Su vida y su obra se miran como en un espejo, por eso sus temas son infancia, soledad, tristeza y enfermedad. En 1932 María está muy enferma, ella lo sabe y expresa un deseo, “si vivo pintaré muchas flores”, paradójicamente muere en el mes de Abril, cuando el paisaje se llena de flores que ella ya no puede ver. Su entierro tiene lugar en Bagneux, a darle el adiós acuden sus familiares, algunos artistas, y muchos vagabundos e indigentes a los que ayudó a lo largo de su vida. María Blanchard fue tratada injustamente como artista y como ser humano, una mujer, pintora y jorobada, en la primera mitad del siglo veinte, no podía aceptarse como un pilar fundamental en la vanguardia del Arte Moderno.

Federico García Lorca escribe una elegía en la que alaba su quehacer artístico y la ensalza como ser humano, destacando el sufrimiento que padeció por su deformidad, aguantando burlas con serenidad, sin perder su carácter dulce y amable, soportando con paciencia a los demás, siendo consciente de que estaba sola, En palabras de Lorca, “la lucha de un ángel y un demonio, una alma hermosa atrapada en la fealdad de un cuerpo”.

Valentín Pérez Venzalá (Editor). NIF: 51927088B. Avda. Pablo Neruda, 130 - info[arrobita]minobitia.com - Tél. 620 76 52 60